jueves, 5 de junio de 2008
jueves, 20 de marzo de 2008
miércoles, 26 de diciembre de 2007
INFORME DE CONCIENCIA DEL OPUS DEI SOBRE UN NUMERARIO
Publicado en Opuslibros.org
Ref. 733/04 [...] 18/04
- El cumplimiento de las normas del plan de vida, no siempre es completo y con detenimiento. Es frecuente que deje algunas para última hora e incluso que no las haga.
- La temática en las charlas, la mayoría de las veces, versa sobre su perseverancia; pareciera que desea encontrar una excusa que lo tranquilice, para abandonar la vocación. Del ca de este año, regresó con la idea de darse como plazo el presente año, para determinar si continúa o no en la Obra. En cada ocasión se le ha animado a que sea valiente, pida luces y fortaleza para que vea que el planteamiento que debe hacerse, es distinto ahora, de cuando escribió la carta. También se le ha dicho que no parece lo más acertado poner plazos, que todo en esta vida cuesta esfuerzo, que no idealice el matrimonio; que los casados también tienen problemas, como él lo tiene comprobado por la labor que atiende en [...].
- En inconstante, muy inestable, casi un poco infantil. Poco mortificado en los gustos, un poco inmaduro. Desde luego no es muy obediente. Se le han dicho estas cosas, puntualizando.
- Continúa con los problemas contra la Santa Pureza. No rara vez se va al cine, lógicamente sin decirlo antes. Tampoco ha superado dejar de consultar cosas inconvenientes en Internet. Está poco en la vida de familia; esto ha sido desde que llegó a este ctr. El auto que se le facilitó para la labor de [...], tenía como finalidad, también, que viniera a comer a la casa, prácticamente todos los días, y tampoco ha sido así.
Seguir leyendo
sábado, 28 de abril de 2007
Salir cuanto antes del Opus Dei
*
*Artículo publicado el Viernes, 27 abril 2007, en Opuslibros Léalo íntegro aquí
La descripción de lo acontecido con D. Antonio Petit justifica por sí sola la existencia de opuslibros.org. A todos se nos ha encogido el corazón al leerlo, pero a ninguno nos ha extrañado. ¡Cuántos antonios hay todavía en el Opus Dei!
Para mí es una prueba de que cuanto antes hay que dejar el Opus Dei. Cada día que pasa estando dentro es nocivo para el alma, para los sentimientos, para la salud y un perjuicio económico e incluso legal para el individuo. Y al final eso es lo que importa, la salud y el bienestar de cada persona. Hay muchas personas como cuenta Agustina que siguen en el Opus Dei sabiendo que están en una organización perversa y pensando que hacen bien a otros. Quizás sea así y ayuden a gente que sigue o que piensa en irse, pero deberían pensar en sí mismos y en el daño que la Obra les está haciendo a ellos. También hay personas que siguen porque creen que fuera no van a ser capaces de vivir o que les resulta más cómodo seguir dentro...
Siga leyendo...
viernes, 13 de abril de 2007
Salir del Opus Dei
martes, 13 de febrero de 2007
Un día me encontré raro. (Alguien sabe... Cap.14).- Satur
La gente, tus hermanos, los cooperadores y amigos, no son rostros, sino máscaras de teatro que se intercambian promesas, gestos cariñosos, consuelos de elegidos e iniciados en la superficialidad de palabras mil veces dichas, frases hechas, tics de grupo, consejos acortezados... En todo ello se podía mezclar la emoción como en el teatro, o en el cine, pero esta emoción no tocaba el fondo solitario del alma, de la mía; esa emoción estaba ligada a una imagen, no a una realidad; nacía de una representación, no de una presencia. Y me parecía que toda aquella peña, yo incluido, se sentían en sus almas tan pobres que lo que más temían era su propia desnudez. Preferíamos intercambiarnos falsas riquezas antes que unir nuestra verdadera indigencia. Me había convertido en un hipócrita.
Te obligabas a hacer la charla y contar tus confidencias de un modo absurdo, difícil, sin vida. Ése que me escuchaba no era un amigo, ni siquiera un hermano: era un burócrata, un funcionario acostumbrado a representar lo que se espera de su cargo y condición. Incluso en aquellos primeros años de entrega, cuando uno vivía una sinceridad salvaje, con frecuencia patológica (forzada la intimidad hasta límites peligrosos), incluso entonces sentías ese desasosiego interior que produce lo artificial. Y cuando era yo quien escuchaba, quien atendía, a pesar de buscar lo mejor para esa persona, ¡ay!, con cuanta frecuencia todo era la costumbre de un horario, las frases hechas del sistema, los gestos que sabía debía de hacer y los consejos políticamente correctos que asentar en esa alma. No había vida. Observaba que bastantes de esas biografías que me rodeaban o acompañaban, la mía incluida, se sostenían sobre creencias que andaban muy lejos de la libertad, del amor, de la madurez. Preferíamos vivir en los criterios, las consignas, las normas, la seguridad de que me lo den todo hecho. Todos sabemos que las religiones no salvan al hombre, por muy perfectas y normativizadas que se presenten. Es Jesucristo... pero fácilmente caemos en la tentación de abrazarnos a instituciones que prometen la salvación con sólo permanecer fieles a ellas. Nos convertimos en autómatas que incluso están dispuestos a reprimir la biología más elemental -sentir, tocar, amar, reír, llorar- para entregarse con risueña insensatez a un destino gregario; con el cebo de una promesa de santidad segura a base de frases millones de veces repetidas que atornillan la conciencia, con chutes semanales de medios de formación personales y colectivos, de retiros mensuales y convivencias, con la corrección fraterna, que narcotizan el sentido crítico noble y responsable y que generan adicciones personales al grupo y peleles de tomo y lomo. Se prefiere vivir una vida vicaria, encerrada en una cámara de asepsia y autismo con ese mundo que se dice amar, pero en que queda excluida, en esa cámara, cualquier germen de humanidad, porque se es clasista y elitista.
Para volver a vivir con los demás sin máscaras ni maquillajes debía primero coincidir conmigo mismo, es decir, desembarazar al alma del yo y a la persona del personaje. Darme y enseñarme al mundo, al mío, tal como soy, dar sin saber que doy -todo lo contrario de lo que hacía en la opus, que te das sabiendo qué das-. Deponer todas las armas y todas las máscaras, andar sin esos movimientos de defensa y ataque que hacen de la vocación, del amor, un juego lleno de reglas, normas, criterios donde se refleja una perfección tan absurda como estéril. Gracias a Dios, prefiero unos instantes de verdadera comunión, lo que dura una mirada, uno sólo de esos minutos divinos que despojan al alma de todo lo que no es ella misma, a vivir en la fantasía narcotizada que, con sus intercambios de falsa moneda, no conducen más que a la unión de dos sombras, o al narcisismo de la santidad. Muchas veces deseamos tanto escapar de la soledad, buscamos la seguridad de un modo tan compulsivo, que olvidamos las dos cosas imprescindibles: la pureza del amor y el respeto de la libertad entre los que se aman.
Precisamente ninguna de estas dos cosas existían en mi vida en el opus. Mi amor no era puro; quizás ya no quedaba ni amor. Hay ciertos sentimientos que se le parecen, pero no los llamo amor (hace tiempo que esos sentimientos no me engañan). ¿Respeto a la libertad entre los que se aman?; en el opus dei no saben qué significa la palabra libertad. Se habla mucho de ella, pero desconocen totalmente de qué trata. Es muy difícil ser libre cuando ya de pequeño te enseñan a que cuentes todo con una sinceridad salvaje en una confidencia semanal donde obligan el temario, se te impone: Fe, Pureza, Vocación; cumplimiento de las normas una a una -con hojita incluída para que no olvides ni una; apostolado -con repaso de la lista de amigos-, trabajo, mortificación -con su lista de pequeños sacrificios-, amor al Padre, devoción a San Josemaría... ¡un mundo!. Y te enseñan, lo repiten hasta la saciedad, que si uno en la charla no habla de pureza, malo. Mala señal. No decían "si uno no habla de Fe, malo", o "si uno no habla de apostolado, malo", lo que se recalcaba era la Pureza: si no se habla de Pureza, malo, es que hay algo seguro. Y así te veías a contar una cantidad de tonterías, algunas rayaban la patología freudiana más profunda, por contar "algo". El que conoce sabe de qué hablo.
La sinceridad, la de verdad, no tiene cabida. Si dices que estás en crisis te dan la vara de tal manera que prefieres callar y marchar cuanto antes; no buscan tu bien, no te escuchan. El director de turno, aunque sepa que lo mejor es aconsejar otro camino, se resiste a ser consecuente porque sabe que eso no lo puede decidir él: lo decide la prelatura a través de un Spíritu codificado donde no caben biografías personales, diálogos tranquilos; no entiende que la vida es argumental, lo que supone variaciones, etapas, y posibles cambios buscando lo mejor en el otro; no escucha, porque no le cabe en la cabeza, que esa imagen de continuidad buscando su propia vocación (a veces más sensata y " pequeña" que la de darle la vuelta al mundo como un calcetín) en cualquier persona es esencial. La vida se detiene, tiene pausas, remansos, vuelve a empezar una vez y otra en circunstancias distintas, después de que se han operado cambios que quedan incorporados a lo anterior. Por mucho que se insista en la continuidad, en la fidelidad a cualquier precio, no está reñida con el cambio permanente en el que se vuelve a empezar una y otra vez. Se puede ser fiel a uno mismo dejando la senda del opus dei. Y más cuando él no quiere oír: sólo quiere el número, la cantidad, la perseverancia autómata. Como esas personas posesivas que sacrifican su vida a una mujer, a un esposo o a un amante, con el que no han tenido más intercambios interiores que los que podía haber tenido con un animal, o con la muñeca que tuvieron de pequeñas. Y lo más grotesco es que los desdichados que son el objeto anónimo de ese entregamiento falso se creen escogidos, especialmente preferidos y queridos por sí mismos. Como esa gallina amorosamente encorvada sobre unos caracoles -de noche le robaron las crías que guardaba con cariño- supliendo y prodigando en su instinto ciego e irresistible el mismo amor, idénticos cuidados. El objeto no tiene importancia, el intercambio no es necesario. La gallina, cerrada sobre sí misma y radicalmente incapaz de elección y de comunión, se aferra a cualquier objeto para satisfacer su necesidad.
Y encuentras actitudes que te duelen. Mucho.
Conozco una supernumeraria que tuvo el mismo año dos hechos. La muerte repentina de una hija numeraria -falleció mientras dormía a los treinta años-, y la marcha del opus de un hijo numerario. Todavía hoy, cuando habla de estos temas dice, sin rubor alguno, "me dolió mucho más que mi hijo abandonara el opus dei que la muerte de mi hija". Si eso no es fanatismo, que venga Chichinabo y me lo diga.
Una hermana mía, numeraria, rezó y pidió al Señor -sabiendo que me estaba planteando dejar el opus- que me muriera antes de abandonar el opus. Dios no la escuchó. Gratias, tibi Deus, gratias tibi!.
No son anécdotas aisladas. Se pueden contar a patadas. Esto se enseña: se anima a la gente a rezar para pedir la muerte antes de fallar en tu vocación. Cuando estás bien, pues no pasa nada, lo pides encantado. ¡Ay, cuándo estás mal!: se sufre, y se sufre mucho. ¿Quién causa ese dolor, eso desquiciamientos?..
- ¿Oiga, es la opus de dios de la prelatura?
- Sí, aquí es. ¡¡¡PAX!!!
- In aeternum, forever. Oiga, que me gustaría de saber porqué producen de dolor y de desquiciamiento con ciertos consejos sobre de que si te vas eres un desgraciado y de que no te querrá naidie como nosotros y de que el infienno está lleno de bocas cerradas y gente que se ha ido.
- ¡¡¡PAX!!!
- Sí, vale, Pax: pero que me gustaría de saberlo.
- ¡¡¡PAX!!!
- Ya, Pax, ok, Pax: pero que de porqué.
- .....................................................
No sabe. No contesta.
miércoles, 13 de abril de 2005
NO HAY QUE TENER MIEDO A IRSE DEL OPUS DEI
Por S.S., recibido el 13-7-2003
Del mismo modo que la limosna puede equivocarse de pobre pero si está dada con un corazón limpio no se equivoca de Dios, así sucede cuando un día descubrimos que equivocamos en la decisíón de entregar toda nuestra vida, entera, por amor, a una institución que los años te hacen ver que te has vuelto gente pequeña, burguesa, acomodada, sin ideales...porque cuando colocas por encima de todo la tranquilidad de tu vida, inmediatamente, renuncias por completo a una vida guiada por las ideas. Es hora de volver a empezar,de abrir las ventanas y dejar que entre el airecillo de la libertad. No hay que tener miedo.
Es cierto, además, como escribió ayer una amiga (y se repite en bastantes testimonios) que el escándalo de comprobar los efectos devastadores en la psique de numerarios/as, agregados/as es como para salir corriendo y no parar hasta el miércoles de la semana que viene. Y acostumbrarse a vivir entre esos "efectos colaterales" de unas exigencias sin sentido. Y es que el opus, su fundador, parece que deseaba abarcar todos los modos de la ascética de todas las congregaciones, desde las dureza del Císter, a las devociones franciscanas, Trinitarias, pasando por las pinceladas jesuíticas... y montó un plan que si alguien intenta llevarlo por el libro acaba zumbado, lo quiera o no. A Monseñor nadie le tenía que enseñar nada. ¿Qué las monjas usan cilicio, disciplinas y duermen en un jergón?, pues nosotros también. ¿Qué los monjes no salen a fiestas y bodas, ni a visitar su familia?, ¡pues, hala, nosotros también. ¿Qué los Trinitarios se rezan el Quicumque y tienen el trisagio angélico?, pues, venga, nosotros más... nosotros con Tres Exposiciones del Santísimo a las cuatro de la tarde con incienso y salve incluida, para que no se diga. ¿Que las Esclavas de Jesús tienen una devoción a la Eucaristía especial?, ¡bah!,nosotros nos marcamos una exposición los jueves, otra los sábados, nueve en el novenario, otras por días especiales, y lo que haga falta, que en amor a la eucaristía no me gana nadie...
Yo creo que escrivá tenía unos yuyus de padre y señor mío (por algo vivía en su casa un psiquiatra que al fallecer monseñor se fue a otro centro). Por ejemplo, cuando le dio, menos mal que no salió la idea, porque los numerarios fueran con una capa al oratorio a hacer las normas (la capa la tenía ya diseñada con escudico y todo) recordando a las órdenes medievales los monjes soldados (¡qué miedo!). O cuando se le ocurrió, imagino que en alguna tertulia de fiesta A, de esas que comenzabas el aperitivo con dos cubatas, seguías la comida con vino y champán y terminabas en la tertulia con dos copas de coñac, se le ocurrió, digo, que se pondrían poner sillones y sofás en los oratorios porque con el Señor se tenía que estar cómodo (!!!). O cuando le preguntaron cual era el mejor oratorio y rápido abrió una ventana y señalando la calle dijo "¡Éste!". Buen golpe de efecto, pero luego si no te veían hacer la oración en el oratorio te caía una corrección fraterna de chúpate esa... Buenoooo, si decías en la charla que como el mejor oratorio es la calle hacías la oración dando vueltas por el paseo de la Castellana.
Los yuyus de Escrivá debían de ser espectaculares. Recuerdo que cuando falleció nos venían a contar a las tertulias de la tarde y de la noche anécdotas de su vida gente de los mayores, los que vivieron con él. Tenía gracia porque la mayoría de las anécdotas eran sobre broncas, paquetes, riñas y numeritos que les montaba cada protagonista. Debía de ser un cascarrabias de aúpa. Cuando Pilar Urbano comenta la portada del libro el hombre de Villatevere -es Escrivá posando para un cuadro-, dice que le saca muy bien la fuerza interior a través de su mirada... a mi, la verdad, me parece que tiene una cara de que le va a coger el pincel al artista y se lo va a hacer comer con patatas... ¡vaya miradita!.
Total que un día salió un aviso (avisos se dan, más o menos, unos cinco mil millones a la semana) de que no era bueno hablar de nustro santo fundador siempre como alguien que corregía y bla,la, bla... y se paso a lo contrario (porque, todo hay que decirlo, es más divertido escuchar anécdotas fuertes): aquello era como leer Crónica durante una hora.
Por cierto (está lloviendo y tengo tiempo este sábado), lo de Crónica también se las trae; con eso de que dijo Chema que no podía ser un paño de lágrimas (comparándolas a otras revistas del sector eclesiástico,-¡qué manía con comparar!) se convirtió en una cosa más dulce, ñoña y simplona que la cantaba eso de "Dominique, nique, nique..." Todos los artículos eran iguales: "fuimos con Luis, Armando, otro Luis, Felipe, otro Armando, Oscar y otro Luis a hacer una visita de pobres; cuando llegamos el pobre no estaba, pero Luis, no el primer Luis, ni el otro Luis, sino el otro, dijo "¡no importa, siempre hay que poner buena cara!". Y, hala, todos tan contentos comiendo en silencio en el retiro mensual (más en silencio que los cartujos) pensando que el tal Luis -no el primero, ni el otro, sino el "otro"- era un perfecto armario.
La sección "favores de nuestro padre" era absolutamente psicotrópica. Los milagros caían como granos de arroz en una boda; había de todo, desde el que da gracias porque su hijo nació el mismo día que murió escrivá, aunque diez años después, hasta -lo conocí yo- el que agradecen los padres que saliera vivo su hijo de un accidente... vivo, pero con unas secuelas cerebrales importantes (¿no hubiera sido mejor milagro evitar el accidente?).
Ahora hay más favores: favores de don álvaro, de montse, de isidoro... incluso conocí la movilizacón en varias ciudades en las que viví de la promoción a la santidad de gente de la obra fallecida después del 26 de junio del 75. Una auténtica lucha tribal por elevar a los altares a Marianico (me lo invento), o a Jordi (también me lo invento), o a Arantzatzu (éste me lo invento más)... se ímprimían estampas de estrangis, se buscaban favores a nivel local, se presionaba a la delegación para que se mojaran, y así los deje. ¡Lástima! porque yo, la verdad, iba camino de tener, por lo menos por lo menos, una estampa con foto y aureola.